Vividoras estuvo presente en el podcast de Laura Martín, La Mujer Maravillosa, en una conversación muy especial con las cinco futuras expedicionarias del próximo Reto Pelayo Vida Senegal: Irantzu Pinillos, Marta García Bodí, Vanesa Amigo, Milena Amelibia y Noemí Carrasco.
Cinco mujeres. Cinco historias marcadas por el cáncer. Cinco maneras distintas de hablar de miedo, esperanza, vulnerabilidad, deporte, prevención y ganas de seguir viviendo con sentido.
Tabla de contenido
El encuentro no fue solo la presentación de una nueva expedición. Fue una conversación honesta sobre lo que ocurre después de una enfermedad. Ese momento en el que los tratamientos terminan, el entorno espera que todo vuelva a ser como antes y, sin embargo, una siente que ya no es exactamente la misma.
Una de las frases que resonó con más fuerza fue la que cerró la conversación: “la fortaleza parte de la vulnerabilidad”. Y quizá ahí estuvo la esencia de todo lo vivido ayer. Porque el Reto Pelayo Vida Senegal no habla únicamente de superar kilómetros, calor o cansancio. Habla de aprender a mostrarse, a pedir ayuda, a escuchar el cuerpo y a reconstruirse sin tener que demostrar siempre que una puede con todo.
Reto Pelayo Vida Senegal, una aventura que empieza antes del viaje
El próximo Reto Pelayo Vida llevará a estas cinco mujeres a Senegal, en una expedición de 17 días que combinará bicicleta de montaña y kayak. Un desafío físico y emocional que recorrerá algunos de los paisajes más especiales del país, desde la costa cercana a Dakar hasta zonas de manglares, sabana, aldeas locales, el Delta del Sine-Saloum y la región de Casamance.
Pero, antes de hablar de rutas, entrenamientos o resistencia, las protagonistas hablaron de algo mucho más íntimo: de cómo se vuelve a empezar cuando la vida se detiene.
Cada una recibió la noticia de haber sido seleccionada con emoción, incredulidad y una enorme sensación de responsabilidad. Para Marta, formar parte de esta aventura significó la posibilidad de aportar “un pequeño granito de arena” y poner “un poquito de esperanza” en la vida de otras personas que estén atravesando algo parecido. Para Vanesa, el reto llegó en un momento de “revolución emocional”, como una palanca para visibilizar no solo la enfermedad, sino también “lo que hay después de una enfermedad”.
Y ese “después” fue, precisamente, uno de los grandes temas de la charla.
Lo que hay después del cáncer también necesita ser contado
Cuando se habla de cáncer, muchas veces la conversación se centra en el diagnóstico, los tratamientos o las revisiones. Pero hay una parte menos visible que también necesita espacio: el después.
El después puede traer alivio, sí. Pero también puede traer miedo, secuelas, cansancio, dudas, cambios físicos, preguntas sobre la identidad, la maternidad, la pareja, el trabajo o la manera de habitar el propio cuerpo.
Milena lo expresó con una imagen muy clara al contar que el cáncer había arrasado la vida tal y como la conocía. Fue diagnosticada de cáncer de ovario a los 35 años, en una etapa en la que pensaba en formar una familia. Tras el diagnóstico, tuvo que asumir que no podría ser madre y reconstruir una vida distinta a la que había imaginado.
Su forma de contarlo fue especialmente poderosa: “Yo no elegí las cartas que me dio la vida, pero con la mano que me han repartido estoy intentando hacer mi mejor estrategia”.
Esa frase resume muy bien el espíritu del Reto Pelayo Vida. No se trata de negar el dolor ni de disfrazarlo de optimismo. Se trata de mirar la realidad de frente y preguntarse, desde ahí, qué se puede construir con lo que una tiene hoy.
La vulnerabilidad también es una forma de fortaleza
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando las expedicionarias hablaron de la vulnerabilidad.
Durante mucho tiempo, a las mujeres que atraviesan un cáncer se las ha llamado “guerreras”. Es una palabra que suele nacer del cariño, pero que no siempre representa lo que sienten quienes están pasando por un proceso así. Noemí lo explicó con mucha claridad: “Yo no he tenido alternativa”.
Esa reflexión abrió una conversación necesaria. Porque no todas las personas quieren ni pueden vivir la enfermedad desde la épica. No todos los días se tiene fuerza. No siempre apetece escuchar “tú puedes”. A veces, lo que una necesita es que alguien le diga: estoy aquí, no me voy a mover de tu lado.
De hecho, una de las frases más conmovedoras de la charla fue esta: “Valientes los que te ven en el suelo y te levantan”. Una manera muy sencilla y muy profunda de recordar que acompañar también es un acto de amor.
La vulnerabilidad apareció, entonces, no como una debilidad, sino como una forma más honesta de estar en el mundo. Irantzu lo expresó desde su propia experiencia, tras años dedicada a los derechos humanos en contextos de conflicto. Durante mucho tiempo se había colocado en el papel de quien puede con todo, hasta que la vida la obligó a parar. Compartió una idea que merece quedarse: “La fortaleza es mostrarse vulnerable”.
En un mundo que nos empuja a mostrar siempre la mejor versión, escuchar esto fue casi un alivio.
En Vividoras sabemos que el bienestar femenino no se entiende por partes. Por eso hemos creado un espacio donde puedes explorar lo que te pasa, aprender a escucharte y encontrar herramientas reales. Si todavía no formas parte de nuestra comunidad, suscríbete a la newsletter y sigamos aprendiendo juntas 🌿
Únete a la Comunidad &
Newsletter de Vividoras
Parar, escuchar y volver a lo importante
La conversación también dejó una reflexión muy Vividoras: muchas veces vivimos demasiado rápido. Vamos acumulando tareas, expectativas, responsabilidades y planes de futuro como si el tiempo estuviera garantizado.
Marta lo contó desde su propia historia. En 2023, durante su embarazo, le detectaron un quiste ovárico que terminó siendo un cáncer en estadio inicial. Ese mismo año vivió, como ella misma explicó, una mezcla de lo mejor y lo peor: el nacimiento de su hijo Nicolás y el diagnóstico de la enfermedad.
Su historia puso sobre la mesa una pregunta que no siempre nos hacemos a tiempo: si la vida cambiara mañana, ¿estaríamos en paz con la forma en la que estamos viviendo hoy?
No se trata de vivir con miedo, sino de vivir con más conciencia. De dejar de aplazar lo importante. De revisar dónde ponemos nuestra energía, nuestro amor y nuestro tiempo.
Una de las respuestas finales de la charla recogió muy bien esta idea: “Tómate un tiempo para pensar a qué quieres dedicar tu energía, tu amor y de qué quieres rodearte”.
A veces, cuidarse empieza justo ahí.
El deporte como forma de recuperar el cuerpo y la confianza
El deporte fue otro de los grandes hilos de la conversación.
Para varias de las expedicionarias, moverse no fue solo una forma de entrenar para Senegal. Fue una manera de volver a confiar en el cuerpo después de haberlo vivido desde el miedo, los tratamientos o las secuelas.
Milena explicó que, después del cáncer, el deporte se volvió indispensable. Le ayudó a sentirse más fuerte física y mentalmente, a plantearse pequeños retos y a recuperar la sensación de capacidad. Otra de las protagonistas compartió una imagen muy honesta: en el gimnasio, muchos días secaba “más lágrimas que sudor con la toalla”.
Esa frase resume algo importante. El deporte no siempre empieza desde la motivación. A veces empieza desde la necesidad de soltar, de llorar, de recuperar el pulso, de decirle al cuerpo: seguimos aquí.
El Reto Pelayo Vida Senegal exigirá preparación física, resistencia y mucha fortaleza mental. Habrá bicicleta, kayak, calor, cansancio acumulado y días en los que la cabeza tendrá que acompañar tanto como las piernas. Pero también habrá equipo. Y eso cambia mucho las cosas.
Porque este reto no es individual. Es profundamente colectivo.
Cuando otra mujer entiende lo que no hace falta explicar
Durante la charla, las expedicionarias hablaron también de la importancia de compartir la experiencia con otras mujeres que han pasado por algo parecido.
El entorno puede acompañar con amor, pero hay emociones que solo comprende quien las ha vivido desde dentro. Miedos, silencios, preguntas, revisiones, cambios físicos, recaídas emocionales, ganas de hablar y ganas de no hablar.
Por eso, el vínculo entre ellas ya empezó antes de la expedición. Videollamadas, entrenamientos, conversaciones y una ilusión compartida. Como dijeron durante el encuentro, el reto les está dando una oportunidad “a nivel individual, pero también a nivel colectivo”.
Y esa es una de las razones por las que el Reto Pelayo Vida tiene tanto valor: no solo muestra historias de superación. Crea referentes, abre conversación y acompaña desde la identificación. Permite que otras mujeres que quizá hoy están en un momento oscuro puedan ver una posibilidad de futuro.
No un futuro perfecto. No un futuro sin miedo. Pero sí un futuro posible.
Prevención sin miedo, cuidado con conciencia
La prevención también estuvo muy presente en la conversación. Se habló de autoexploración, de revisiones y de la importancia de conocer el propio cuerpo sin alarmismo, pero con atención.
Noemí compartió que fue ella quien se detectó un cambio en la mama. Por eso insistió en un mensaje sencillo y necesario: “Chicas, por favor, cinco minutos en la ducha”.
Cinco minutos para tocarse. Para observarse. Para notar si algo ha cambiado. Para pedir cita médica si aparece una señal que genera duda. No desde el miedo, sino desde el cuidado.
Ese es un mensaje importante para todas: conocerse también es protegerse. La prevención no consiste en vivir preocupadas, sino en tener una relación más consciente con nuestro cuerpo y no dejar para después aquello que puede ayudarnos a vivir con más tranquilidad.
Cuidarse también es dejarse acompañar
El Reto Pelayo Vida Senegal nos recordó ayer que la vida puede cambiar de un día para otro. Que nadie puede controlarlo todo. Que incluso las mujeres más fuertes necesitan apoyo. Y que cuidarse no es solo resistir, entrenar o seguir adelante. También es parar, pedir ayuda, dejarse sostener y tomar decisiones que nos den más calma.
En ese camino, Pelayo Vida Mujer es un seguro pensado para acompañar a las mujeres en distintas circunstancias de la vida, también cuando aparecen situaciones imprevistas como el fallecimiento, la invalidez o el cáncer femenino. Además, incluye servicios que miran más allá de la protección económica, como asistencia domiciliaria, orientación médica, asesoramiento psicológico, asesoramiento jurídico, asesoramiento social y asistente personal 24 horas.
Porque protegerte no significa vivir pensando en lo peor. Significa darte permiso para mirar al futuro con una red. Significa saber que, si algún día la vida se complica, no tienes por qué atravesarlo todo sola.
Las cinco futuras expedicionarias nos dejaron una lección profundamente humana: todo cambia, pero lo que cultivamos dentro permanece. La fuerza, los vínculos, la escucha, la prevención, el cuidado.
Y quizá vivir más tranquila empieza precisamente ahí: en reconocer que mereces cuidarte hoy, dejarte acompañar mañana y seguir construyendo una vida que, incluso después de los momentos difíciles, pueda volver a sentirse tuya.
Descubre Pelayo Vida Mujer, el seguro de las Vividoras, y conoce cómo puede acompañarte para vivir con más tranquilidad, cuidando de ti y de quienes más quieres.