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Hay historias que no se entienden con un antes y un después.
Porque están hechas de muchos comienzos.
En este nuevo capítulo de Historias de superación, en Vividoras damos voz a Taisa, una mujer que ha atravesado distintos momentos de cambio vital y ha aprendido a recolocarse cada vez que la vida dejaba de ser lineal. No desde la épica ni desde las respuestas rápidas, sino desde decisiones reales, dudas, caídas y procesos personales.
Como ocurre en muchas historias de mujeres reales, su recorrido no sigue un camino recto. Y precisamente ahí está su valor.
Cuando la vida que tienes, deja de encajar
Durante un tiempo, la vida de Taisa parecía estable. Vivía en Valencia con su pareja, tenía un buen trabajo como analista funcional y una rutina que, desde fuera, podía parecer suficiente. Sin embargo, por dentro algo no terminaba de encajar.
Sentía que aspiraba a más. Que una vida de oficina de ocho horas no era su lugar. Que necesitaba aprender, moverse y explorar otros caminos. Esa sensación, tan común entre muchas mujeres, fue el primer aviso de que algo necesitaba cambiar.
Y decidió escucharse.
Tomar decisiones sin tener todas las respuestas
Taisa decidió estudiar.
Decidió emprender.
Decidió ser madre antes de los 30.
Y decidió hacerlo todo a la vez.
La maternidad fue uno de sus grandes puntos de inflexión. Porque la maternidad lo cambia todo. Un cambio profundo que transforma prioridades, ritmos y la forma de mirarte a ti misma. Pero no fue el último momento de ajuste importante.
Poco después llegó otro giro vital. A su pareja le surgió una oportunidad laboral en Alemania y decidieron mudarse. Nuevo país, nuevo idioma, nuevas rutinas. Un cambio que, lejos de vivirse como una pausa, se convirtió también en una oportunidad de crecimiento personal y profesional.
Empezar de cero lejos de casa
Mientras se adaptaba al nuevo país, aprendía alemán y criaba, Taisa empezó a dar forma a una idea que llevaba tiempo presente: crear su propio proyecto como diseñadora web freelance.
Había realizado trabajos para familiares y amistades, y por primera vez se permitió apostar por ello. Adaptarse, emprender y sostener una nueva vida, todo al mismo tiempo. Un proceso exigente que muchas mujeres reconocen cuando intentan conciliar maternidad, trabajo y desarrollo personal.
Cinco años después, en plena pandemia, llegó el momento de volver a España. Y esta vez, el cambio no se sintió como un avance.
Volver cuando no era el plan
El regreso fue difícil. El aislamiento de 2020, aterrizar en una ciudad sin red ni referencias y el contraste con una etapa en la que había sido feliz fuera pasaron factura. Poco a poco, apareció la tristeza. Y después, la depresión.
La relación de pareja también estaba muy deteriorada. Se habían distanciado y, finalmente, decidieron separarse. Fue una decisión tomada desde el respeto, pero no por ello sencilla. Implicaba rehacer una vida, sostener un negocio propio que empezaba a estabilizarse y asumir una nueva etapa desde otro lugar.
Como ocurre en muchas historias de superación reales, no hubo soluciones inmediatas.
Parar, mirarte y empezar a cuidarte
Después de tanto movimiento, llegó algo que no había tenido en mucho tiempo: tiempo para ella. Entendió el lugar que debía darse a sí misma en su lista de prioridades.
Tiempo para recuperar hobbies, retomar amistades, conocer gente nueva y descubrir partes de sí misma que habían quedado en segundo plano. Ese proceso de reencuentro no fue lineal. Hubo decepciones, experiencias difíciles y años de altibajos.
Porque las vidas reales no son ordenadas.
Y los procesos personales tampoco.
Elegirte de nuevo también es avanzar
El último gran cambio llegó el año pasado. Taisa conoció a alguien. Una mujer. Y con ello aparecieron nuevas preguntas, miedos y conversaciones importantes con su entorno y con sus hijos.
El vértigo estuvo ahí. Pero también la posibilidad de construir algo distinto.
Poco a poco, fue llegando una estabilidad emocional que necesitaba. Hoy su negocio sigue creciendo, ha retomado actividades que le devuelven la ilusión y se siente en un buen lugar. No porque todo sea perfecto, sino porque ha aprendido a habitar la incertidumbre sin dejar de avanzar.
¿Qué te ha hecho cambiar?
Cuando se le pregunta qué la ha cambiado, Taisa lo tiene claro. No ha sido un solo momento, sino muchos. Ser madre. Vivir fuera. Emprender. Perder a su madre. Volver. Separarse. Rehacerse. Volver a encontrarse.
Su historia, como la de Raquel y la de otras mujeres que forman parte de Historias de superación, no busca dar respuestas cerradas. Es una invitación a aceptar que la vida no siempre es lineal y que empezar de nuevo no significa retroceder. A veces, significa volver a ti.
Te invitamos a ver el vídeo completo de la historia de Taisa y descubrir su recorrido en Historias de superación, un espacio donde compartimos relatos reales, de mujeres reales que acompañan, conectan y con los que podrás verte identificada.
En Vividoras creemos que compartir estas historias también es una forma de cuidado. Porque cuando una mujer se abre a contar su experiencia, muchas otras se sienten menos solas.