Hay momentos en los que no pasa “nada grave”, pero algo dentro se enciende. Una conversación que te deja tocada. Un comentario que te remueve. Un plan que cambia. Una duda que se alarga. Y aparece esa pregunta que no siempre llega con palabras, pero sí con cuerpo.
¿Y ahora qué?
Tabla de contenidos
En el último Taller Digital Vividoras, Olaya conversa con Elena Pérez sobre cómo atravesar esos instantes de incertidumbre sin quedarnos atrapadas en el piloto automático. La propuesta es muy simple y, por eso mismo, potente: aprender a separar hechos de interpretaciones, poner nombre a lo que sentimos, reconocer qué está fuera de nuestro control y elegir con más calma cómo queremos responder.
Lo mejor es que no se queda en reflexión. Elena guía una herramienta práctica que puedes llevarte puesta, casi literal: un “mapa de decisiones conscientes” en forma de mini librito hecho con un folio.
El mapa de decisiones conscientes: una pausa antes de reaccionar
Elena lo explica con una comparación muy clara. Cuando llegas a una ciudad que no conoces, sacas un mapa. No porque seas torpe, sino porque estás orientándote. Con las decisiones pasa lo mismo: cuando algo te descoloca, un mapa te ayuda a no perderte en la reacción automática.
Ese es el objetivo del ejercicio: salir del patrón de siempre (enfado, miedo, impulsividad, bloqueo) y tomar “otro camino”, uno más consciente.
El librito que ordena el caos (y por qué funciona)
Durante el taller, Olaya y Elena construyen un mini cuaderno con un folio doblado. No es un detalle anecdótico. Hacerlo con las manos tiene un sentido: frena la prisa mental y te mete en el proceso, sin exigencia de hacerlo perfecto (de hecho, se nombra a “doña perfecta” y se la invita a apartarse).
A partir de ahí, el mapa se va rellenando por partes. Y aquí está la clave: no empiezas tomando decisiones. Empiezas mirando lo que está pasando de verdad.
Antes de entrar en el mapa paso a paso, te dejamos el taller completo para que puedas verlo con calma y acompañar la herramienta tal como la trabajan Olaya y Elena.
Paso 1: Qué está pasando (solo hechos)
La primera página del mapa se titula “qué está pasando”, y Elena insiste en un matiz que cambia mucho las cosas: describir la situación solo con hechos, como si una cámara grabara lo ocurrido. Sin juicios. Sin suposiciones. Sin interpretación.
Parece sencillo, pero no lo es, porque nuestra mente tiende a completar huecos. Y muchas veces lo que nos duele no es el hecho, sino lo que interpretamos a partir de él.
Paso 2: La historia que yo me cuento (la interpretación)
En la segunda página llega lo que casi siempre aparece en automático: la película interna.
Olaya lo trabaja con un ejemplo muy cotidiano. Está en una cafetería, hablando con un amigo, y descubre que el grupo está planeando un viaje sin haber contado con ella. Los hechos son esos. Pero la historia que aparece puede ser mucho más dura: “mis amigos no me quieren”, “qué mala amiga soy”, “estoy perdiendo a mis amigos”.
Elena comparte otro ejemplo igual de humano: sus nervios al grabar el taller, con pensamientos como “lo voy a hacer fatal”, “me voy a confundir”, “a nadie le interesa esto”.
El mapa no te dice que “no pienses eso”. Te ayuda a verlo como lo que es: una interpretación, no un hecho.
Paso 3: Qué estoy sintiendo (ampliar el vocabulario emocional)
Después se abre el mapa y se trabaja lo emocional. Elena lo menciona tal cual: solemos tener un vocabulario muy pobre para lo que sentimos y lo reducimos todo a “bien o mal”. En cambio, poner nombre con más matices ayuda a entender qué nos está gobernando por dentro.
En el ejemplo de Olaya aparecen tristeza, molestia, enfado y una sensación de invisibilidad que sube rápido. En el ejemplo de Elena aparecen nervios, miedo, preocupación, tensión y también ilusión y curiosidad (porque las emociones pueden convivir, no son contradictorias).
Esta parte es importante por una razón: no tomamos decisiones igual desde la calma que desde el miedo. Y reconocer el punto de partida cambia la respuesta.
Paso 4: Qué está fuera de mi control y qué sí depende de mí
Aquí el mapa hace algo muy liberador: separar energía.
Elena propone escribir primero todo lo que está fuera de tu control, eso que no puedes cambiar por mucho que te esfuerces. Después, lo que sí depende de ti.
En el ejemplo del taller, Elena identifica como fuera de su control cuántas personas verán el vídeo o si gustará, y dentro de su control cosas como disfrutar del momento, centrarse, confiar en el proceso o divertirse.
Olaya, por su parte, ve fuera de su control las agendas y gustos de sus amigos y cómo la perciben, y dentro de su control estar más presente, preguntar más por sus planes o revisarse esa idea de “ser el centro”.
Vividora, este punto suele dar paz porque te devuelve una verdad práctica: no todo te toca. Y no todo depende de ti.
Paso 5: Qué elijo no hacer y qué elijo sí hacer
Solo después llega la decisión.
Primero, “qué elijo no hacer”. Y Elena subraya por qué es clave: porque ahí se frenan los patrones del piloto automático antes de que salgan. Elegir “no hacer” es un acto consciente, no una renuncia.
En el ejemplo de Olaya, “no hacer” incluye no discutir con el amigo, no decir cosas hirientes, no levantarse e irse en modo herida. En el de Elena, “no hacer” incluye no castigarse si no sale perfecto o no obsesionarse con quién está al otro lado de la cámara.
Después llega “qué elijo sí hacer”, y aquí Elena insiste en otro detalle importante: bajar al concreto, al microscopio. No quedarse en “hablar” o “dialogar”, sino decidir acciones específicas y realistas para esa situación.
Lo más útil: puedes usar el mapa antes, durante o después
Una de las preguntas que surgen (y que seguramente muchas Vividoras se hicieron mientras lo veían) es cuándo se usa esta herramienta.
Elena lo deja claro: sirve antes de una situación para prepararte, durante si necesitas frenar y recuperar el control, y después si quieres aprender de lo ocurrido y responder de otra manera la próxima vez.
Da ejemplos muy cotidianos: quedarse tirada con el coche y hacerse el mapa “en 40 segundos” mentalmente, o decidir si ir a una graduación cuando “no te da la vida”, donde el mapa ayuda a encontrar una salida más amable.
El cierre resume el espíritu de Vividoras. No siempre podemos elegir lo que nos pasa. Pero sí podemos elegir cómo responder, qué no hacer, qué sí hacer y cómo relacionarnos con esa situación.
Y eso, Vividora, es recuperar agencia sin exigir perfección.
¿Quieres recibir más talleres, recursos y conversaciones como esta? Únete a la Comunidad & Newsletter de Vividoras y sigue acompañándote con ideas prácticas para decidir y vivir con más calma.
Únete a la Comunidad &
Newsletter de Vividoras