Las mujeres viven más años que los hombres en España. Sin embargo, cuando se les pregunta cómo valoran su propia salud, responden peor. Puede parecer una contradicción, pero no lo es: vivir más y sentirse saludable no miden exactamente lo mismo.
¿Qué hay detrás de esa diferencia? Los datos hablan de enfermedades crónicas, dolor y limitaciones, pero también hay que mirar cómo reconocemos los síntomas y cómo se ha estudiado y atendido históricamente la salud de las mujeres.
Guía de lectura
El dato: 70,2% de mujeres frente a 78% de hombres se perciben con buena/muy buena salud
En España existe una brecha clara en la salud percibida: según la Encuesta de Salud de España (ESdE) 2023, publicada por el INE y el Ministerio de Sanidad en 2025, el 70,2% de las mujeres valora su salud como buena o muy buena, frente al 78% de los hombres.
No se trata de una diferencia concentrada únicamente en las mujeres mayores. La ESdE 2023 muestra que, a partir de los 15 años, la valoración positiva de la propia salud es superior entre los hombres en todos los grupos de edad. La distancia, eso sí, cambia según la etapa de la vida y se hace especialmente visible en edades avanzadas.
Y aquí aparece la aparente paradoja. Las mujeres españolas viven más años: según el INE (2023), su esperanza de vida al nacer era de 86,34 años, frente a 81,11 años en los hombres. Vivir más, sin embargo, no significa necesariamente pasar todos esos años con una mejor percepción de la propia salud o sin problemas que afecten al bienestar cotidiano.
La esperanza de vida indica cuántos años se espera que viva una población con las condiciones de mortalidad de un momento determinado. La salud percibida, en cambio, recoge cómo una persona valora su estado de salud. Son indicadores distintos y pueden contar, al mismo tiempo, dos partes verdaderas de una misma historia.
Los datos europeos ayudan a entenderlo. Eurostat señaló en 2025, con datos de 2023, que en la Unión Europea las mujeres tenían una esperanza de vida 5,3 años superior a la de los hombres, pero la diferencia en años de vida saludable era de solo medio año. En proporción, ellas pasaban una parte menor de su vida sin limitaciones de actividad.
Vivir más años no significa necesariamente vivir todos esos años con la misma salud, autonomía o bienestar.
Por qué ocurre esta brecha de percepción
Las mujeres no valoran peor su salud por una única causa ni porque sean más negativas al responder. Los datos apuntan a una combinación de factores: mayor presencia de determinados problemas crónicos y dolor, diferencias en las condiciones de vida y cuidados, y desigualdades históricas en cómo se ha investigado, reconocido y atendido su salud.
Hay una primera explicación muy concreta: la experiencia de salud no depende solo de sobrevivir a una enfermedad. También cuenta convivir durante años con dolor, cansancio, limitaciones o problemas crónicos.
La ESdE 2023 muestra diferencias relevantes. Según el INE (2023), el dolor de espalda crónico lumbar afectaba al 23,1% de las mujeres frente al 16,3% de los hombres; la artrosis, al 22,1% frente al 10,4%; y el dolor cervical crónico, al 20,6% frente al 11,2%.
Esto no significa que todos los problemas de salud sean más frecuentes en mujeres. Tampoco que estas tres condiciones expliquen por sí solas la diferencia en salud percibida. Sí muestran algo importante: la longevidad no cuenta toda la historia sobre cómo se vive dentro del propio cuerpo.
También intervienen factores sociales. La Organización Mundial de la Salud señala actualmente que las responsabilidades de cuidados no remunerados, determinadas condiciones laborales, la desigualdad en la toma de decisiones o la violencia de género pueden repercutir en la salud física y mental de las mujeres a lo largo de la vida.
No hay, por tanto, una respuesta sencilla del tipo “las mujeres se sienten peor porque…”. La salud percibida resume muchas dimensiones a la vez: síntomas, enfermedades diagnosticadas, limitaciones, salud mental, contexto social y la propia experiencia acumulada.
Y esa percepción importa. Decir que no te encuentras bien no equivale automáticamente a tener una enfermedad concreta, pero tampoco es una información que haya que despreciar.
La salud percibida no es “quejarse más”: es una medida de cómo experimentamos nuestro estado físico y emocional.
En Vividoras creemos que entender lo que sientes también es una forma de cuidarte. Únete a nuestra comunidad y sigamos aprendiendo juntas. 🌿
Únete a la Comunidad &
Newsletter de Vividoras
Qué tiene que ver con la infradiagnosis y la normalización de síntomas
La infradiagnosis y la normalización pueden contribuir a que algunos problemas de salud de las mujeres permanezcan sin reconocer durante más tiempo, pero no explican por sí solas toda la brecha de salud percibida. La evidencia sí ha documentado retrasos diagnósticos y sesgos en áreas concretas, por lo que conviene evitar tanto generalizar como ignorarlos.
Normalizar un síntoma significa incorporarlo a la vida cotidiana como si fuera algo que simplemente “toca aguantar”. Puede ocurrir con un dolor menstrual intenso —de hecho, ya hablamos de ello en profundidad en Dolor normalizado: cuándo el dolor no es “cosa de mujeres” y hay que consultar—, con un cansancio persistente o con molestias que aparecen una y otra vez. Que algo sea frecuente no significa necesariamente que debas resignarte a vivir con ello.
Un ejemplo bien estudiado es la endometriosis. Una revisión sistemática publicada en BJOG en 2024, que analizó 17 estudios, encontró tiempos hasta el diagnóstico muy variables, de 0,3 a 12 años según el estudio, el país, la definición empleada y las características de las pacientes. Los autores concluyeron que el retraso diagnóstico continúa existiendo y señalaron la necesidad de mejorar el reconocimiento de la enfermedad.
También hay evidencia de sesgos en otras áreas. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre enfermedad cardiovascular analizó 19 estudios y encontró diferencias en el acceso de las mujeres a determinadas pruebas diagnósticas, derivaciones y tratamientos. Los autores relacionaron parte de estas diferencias con sesgos de género y con un reconocimiento insuficiente de cómo pueden presentarse estas enfermedades en mujeres.
Esto no quiere decir que una mujer que tarda en obtener un diagnóstico haya sido necesariamente víctima de un sesgo. Los retrasos diagnósticos pueden tener muchas causas y dependen de cada enfermedad y cada caso.
Lo importante es otra cosa: no deberías necesitar demostrar que tu malestar es extraordinario para poder hablar de él.
Si un síntoma persiste, cambia, empeora, limita tu vida cotidiana o simplemente te preocupa, merece ser comentado con una profesional sanitaria. Llevar anotado cuándo aparece, cuánto dura, cómo evoluciona y qué impacto tiene en tu día a día puede ayudarte a explicarlo con más precisión.
Y si después de una consulta sigues teniendo síntomas o dudas, puedes volver a preguntar o solicitar una nueva valoración. Consultar no significa autodiagnosticarte. Significa aportar información sobre tu cuerpo para que pueda ser valorada adecuadamente.
No tienes que esperar a que un síntoma sea insoportable para considerar que merece atención.
Cómo Vividoras acompaña esta brecha de reconocimiento
En Vividoras entendemos la brecha de reconocimiento como la distancia que puede existir entre sentir que algo no va bien, identificarlo como un síntoma que merece atención y conseguir que sea valorado adecuadamente. Reducir esa distancia empieza por ofrecer información fiable para reconocer señales, formular preguntas y saber cuándo consultar, sin fomentar el autodiagnóstico.
Por eso hablar de salud de las mujeres no consiste únicamente en enumerar enfermedades. También significa poner palabras a experiencias que pueden confundirse con “lo normal”: dolor que se aguanta durante años, cambios asociados a determinadas etapas vitales, agotamiento que se atribuye siempre al ritmo de vida o síntomas que cuesta explicar en una consulta.
Reconocer no es diagnosticar. Leer que un determinado síntoma puede merecer atención no significa concluir que tienes una enfermedad. El diagnóstico corresponde a profesionales sanitarios y puede requerir historia clínica, exploración o pruebas.
La información sí puede ayudarte a llegar a la consulta con mejores preguntas. Por ejemplo:
- ¿Desde cuándo me ocurre?
- ¿Es algo nuevo o ha cambiado respecto a antes?
- ¿Con qué frecuencia aparece?
- ¿Interfiere con mi descanso, trabajo, actividad física o vida cotidiana?
- ¿Hay otros síntomas que aparecen al mismo tiempo?
- ¿Qué cambios deberían hacerme volver a consultar?
También implica abandonar una idea que ha acompañado durante demasiado tiempo a muchos problemas de salud femeninos: que aguantar es una medida de fortaleza. Escuchar tu cuerpo no significa vivir pendiente de cada sensación. Significa darte permiso para prestar atención cuando algo persiste, cambia o condiciona tu vida.
La diferencia entre mujeres y hombres en salud percibida no tiene una única explicación y todavía hay preguntas por responder. Lo que sí sabemos es que vivir más años no invalida el malestar, que algunos problemas crónicos afectan de forma diferente a las mujeres y que existen ámbitos sanitarios donde la evidencia ha documentado retrasos y sesgos de reconocimiento.
Dar nombre a esas diferencias es un primer paso. El siguiente es que ninguna mujer tenga que considerar normal sentirse mal simplemente porque se ha acostumbrado a hacerlo.
Preguntas frecuentes sobre la salud percibida de las mujeres
¿Por qué las mujeres se sienten peor de salud?
Las mujeres no valoran peor su salud por una única causa ni porque sean más negativas al responder. Los datos apuntan a una combinación de factores: mayor presencia de determinados problemas crónicos y dolor, diferencias en las condiciones de vida y cuidados, y desigualdades históricas en cómo se ha investigado, reconocido y atendido su salud.
¿Viven más las mujeres pero peor?
Las mujeres españolas viven más años: según el INE (2023), su esperanza de vida al nacer era de 86,34 años, frente a 81,11 años en los hombres. Vivir más, sin embargo, no significa necesariamente pasar todos esos años con una mejor percepción de la propia salud o sin problemas que afecten al bienestar cotidiano.
¿Qué es la brecha de reconocimiento en salud?
En Vividoras entendemos la brecha de reconocimiento como la distancia que puede existir entre sentir que algo no va bien, identificarlo como un síntoma que merece atención y conseguir que sea valorado adecuadamente. Reducir esa distancia empieza por ofrecer información fiable para reconocer señales, formular preguntas y saber cuándo consultar, sin fomentar el autodiagnóstico.